martes 10 de junio de 2008

Pensamientos I

Poco después de que muriera el Rabino Mokshe, preguntó a uno de sus discípulos de éste el rabino Mendel de Kotyk:
«¿Qué era a lo que tu maestro concedía mayor importancia?»
El discípulo, tras reflexionar durante unos momentos, respondió:
«A lo que estuviera haciendo en ese momento.»

DECÁLOGO PARA ACOMPAÑAR EL DUELO (I)


1. Escuchar más que hablar. Sobre todo en los primeros momentos, tras el fallecimiento, la mejor actitud es la del “silencio empático”, como lo denomina algún autor. Es decir, no buscar explicaciones a la muerte o a la manera en que se ha producido sino transmitir algo importante: “estoy contigo”. Cuando nos perdemos en intentar justificar lo injustificable como es la muerte de un niño o de un joven o un abuelo, en muchas ocasiones estamos tapando nuestra propia angustia y nuestras dificultades para aceptar la muerte. Hay que ser oído más que boca, para soportar el sufrimiento del otro sin derrumbarnos.

2. La importancia del contacto físico. Un apretón de manos, un beso, una caricia, estas ocasiones valen más que mil palabras. Es la manera más eficaz de transmitir nuestro apoyo y solidaridad.

3. No utilizar tópicos. (“no te preocupes”, “ya saldrás adelante”; “tienes que ser fuerte”; “esto pasa pronto”, etc): cuando uno está en pleno dolor estas expresiones, u otras parecidas, lo menos que producen es un sentimiento de lejanía, de que el otro no entienda nuestro dolor. Hay que acompañar al sufriente desde nuestro genuino dolor y no intentar poner “paños calientes” en una herida que está abierta y sangrando.

4. No intentar consolar. Por ejemplo, afirmando todo lo bueno que aún le queda al superviviente: hijos, salud, hacienda, “toda la vida por delante”, etc. En esos momentos poco importa lo que se tiene, pues el sufrimiento se centra en lo que se ha perdido. Este tipo de intervenciones más que ayudar provoca malestar, pues el superviviente percibe que no es comprendido en su dolor.

lunes 9 de junio de 2008

Claves de ayuda en el duelo

1. Soluciones: Ante el sufrimiento del otro por la pérdida de un ser querido siempre procuramos minimizar las consecuencias de esa muerte, con frases como: “era lo mejor”; “ha dejado de sufrir”, “el tiempo todo lo cura”, etc. En el fondo con este comportamiento lo que intentamos es neutralizar nuestra propia angustia. Incluso se llegan a hacer ofrecimientos generales (“cuando quieras puedes venir a mi casa”; “llámame si te encuentras mal”.
En estas circunstancias lo que hay que hacer es dar soluciones concretas, no ofrecimientos ambiguos. Un ejemplo recogido en el funeral de la madre de una persona: “Padre he dispuesto todo para que durante este mes se venga a vivir con nosotros” le dijo el hijo con voz firme y serena.

2. Gestos: El contacto físico es muy importante (un abrazo, un beso, un apretón de manos) más que sesudas reflexiones para explicar lo inexplicable: la muerte

3. Ayuda competente: El duelo es un proceso normal que a veces se encona y se convierte en una pesadilla. Entonces hablamos de “duelo complicado o patológico” donde la angustia es intensa, existe un alto riesgo de suicidio o el superviviente comienza a realizar alguna conducta de adicción. En estos casos la ayuda competente es imprescindible. El Centro de Escucha San Camilo es un lugar adecuado al cual acercarse a pedir ayuda.

4. Duración: Cada persona tiene su “tiempo” para aceptar la perdida. No existe una fecha estándar para decir que la persona ha superado la muerte de un ser querido. Yo creo no acaba nunca , nunca cicatriza del todo la perdida de alguien amado, aunque se puede aprender a vivir con ello.

¿Qué es el duelo?




El duelo es esa experiencia de dolor, lástima, aflicción o resentimiento que se manifiesta de diferentes maneras, con ocasión de la perdida de algo o alguien con valor significativo.

miércoles 7 de noviembre de 2007

Ayudando a pensar I

"Aprende a respirar, detente a contemplar y te darás cuenta de que ya está la muerte en la vida, y la vida en la muerte; porque respirar es vivir, y respiramos, vivimos y somos en el seno de lo absoluto, que nos hace vivir y no nos dejará morir. Si estoy asentado en la realidad absoluta, ya he trascendido el mundo, y no debería preocuparme de si es mejor vivir o morir. Cuanto más me empeñe en olvidar la muerte, tanto más me obsesionaré con ella. No te lamentes por la muerte, ni la desees como un nirvana. Comprende que tu destino es divinizarte, que vida y muerte, nacer y morir son aconteceres en el seno de lo absoluto. Asi verás que, ya dentro de la vida que ahora vives, se te abre una perspectiva de eternidad que trasciende la vida y la muerte. Si nos obsesionamos con el nacer o con el morir, perdemos la vida. Pero cuando no rechazamos con aversión la muerte, ni suspiramos con deseo por ella, entonces hemos llegado al corazón de la iluminación. Pero no trates de representartelo ni de expresarlo en palabras. Deja que olvidado de ti, se derritan los límites de cuerpo y mente en el seno de lo absoluto. Asi nos hacemos lo que somos: uno con el absoluto". Dogen (1200-1254)

lunes 5 de noviembre de 2007

La burbuja acústica


Hoy al mediodía he ido al centro de Madrid. Hacía una temperatura magnífica. La compañía era muy agradable. El motivo del paseo era la adquisición de un libro de firmas. Ha sido una buena oportunidad para pasear, caminar, andar y merodear por Sol y sus alrededores.

Cuando uno es lampiño en las vicisitudes de una gran ciudad, mejor dicho, de una ciudad grande como esta, hay aun muchas cosas que le sorprenden.

viernes 26 de octubre de 2007

Comienza la andadura de este blog. Un blog que como su título indica consta de dos elementos. El primero de ellos pretende expresar la actitud que quiero que tenga "ad extra" ser diálogo, estar en diálogo; pretende ser coloquio antes que ninguna otra cosa. Quiere ser este un espacio de encuentro, un punto desde el cual uno parte. Quiere ser un lugar más de salida que de llegada. Concibo el diálogo como un itinerario que se hace más que un lugr al que se llega. Pretendo animar a generar un sitio común, porque se comparte lo mismo, querer llegar a encontrarse.
La segunda parte del título es un viaje más "ad intra", hacia dentro. Ser oyente de lo que los otros dicen, ser oyente de lo que uno mismo dice de si y de los demás.